Durante años, colectivos de padres –varones- que se sentían perjudicados por la aplicación que los tribunales hacían de las normas sobre guarda y custodia de hijos menores, sostuvieron una campaña en pro de la instauración, como régimen ordinario, de la guarda y custodia compartida.

En mi particular opinión, y con carácter general, la crianza de los hijos es cosa que, de forma natural, hacen mejor, infinitamente mejor, las madres. Es una cuestión genética. Es el resultado de milenios de evolución de la especie.

Sin embargo, existía, en la práctica judicial, un automatismo excesivo en la concesión a la madre de custodia de los hijos menores, que era necesario corregir. Conviene decir que estos padres que “clamaban justicia” eran, en todos los casos, padres cuyo interés exclusivo era la compañía de sus hijos, la convivencia y no otra cosa. Por consiguiente, . la aspiración de esos padres, “agraviados” por un automatismo a veces irreflexivo e insensible,  era legítima.

Guarda y custodia compartida en España

La institución de la guarda y custodia compartida ni siquiera existía en nuestro Derecho. Fue introducida en el Código Civil, como sistema excepcional, en 2005. Lo cual fue un reconocimiento de la razón que asistía a aquellos padres, y un éxito para las asociaciones que promovían ese cambio legislativo.

Con posterioridad, la jurisprudencia del Tribunal Supremo ha ido interpretando la nueva normativa, y ha ido tomando forma la configuración de la guarda y custodia como sistema «normal e incluso deseable», especialmente a partir del año 2013.

Pero estos cambios legislativos y jurisprudenciales han traído, de la mano, nuevas prácticas y usos en el foro. Lamentablemente, estamos asistiendo a la proliferación de peticiones de guarda y custodia por parte de progenitores, normalmente varones, que no tienen, en realidad, el más mínimo interés por responsabilizarse de las tareas y obligaciones que entraña esa situación legal; sino que buscan, tan sólo, eximirse del pago de una pensión de alimentos a los niños. El caso típico es el del padre cuyo trabajo le ocupa 10 u 11 horas diarias, de lunes a sábado, y que por consiguiente, ni puede llevar a los niños al colegio, ni hacer la comida, ni ayudarles en los deberes… ni puede ni quiere… ni lo ha hecho nunca antes, durante los años de convivencia familiar… lo que tiene en mente es dejar a los hijos con la abuela.

Empleo adulterado de la Institución

Cada vez más, se esgrime, en los escritos de demanda o contestación en los pleitos de divorcio y menores, una petición de guarda y custodia, cuya finalidad es servir como elemento de negociación frente a la madre. Con notable utilidad, por cierto. Porque en muchos casos, la simple formulación de esa solicitud, basta para asustar a la madre, la cual con el fin de evitar el juicio y alejar totalmente el riesgo de que se establezca ese régimen de custodia compartida, “pacta” que se le reconozca a ella la custodia, renunciando, a cambio, a una pensión de alimentos suficiente y justa. Y en otros supuestos, cuando la madre no claudica y se llega a juicio, los Juzgados establecen esa situación de custodia compartida, lo cual exime, en la mayoría de supuestos, al padre, de abonar pensión de alimentos… e inmediatamente, pasa a desentenderse de los hijos, “depositándolos” en casa de los abuelos, tíos… o simplemente dejándolos solos la mayor parte del día.

Bien está la custodia compartida… cuando sirve a los fines para los que está pensada. Pero han de vigilarse estos otros supuestos en que se maneja de forma adulterada. Y no están exentos de culpa algunos de mis compañeros abogados, que ignoran cuál es la especial exigencia moral con que un letrado se ha de comportar cuando interviene en un proceso de familia.